viernes, 14 de mayo de 2010

PAGINA ASESINA por Aida Rebeca Neuah

-En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa pagina al dar las tres de la tarde, muere. En la última hoja escribí hace años mi legado. Quiero que me traigan un ejemplar- dijo don Julio.
A desgano tomaron  la autopista del sur, los tres sentados en el asiento delantero del Fiat. Fama, Esperanza y Cronopio. La esperanza siempre va al medio. El día cargado de humedad encrespo los ánimos de la gente en la carretera. Fama gritaba  a los otros conductores para que le dieran  paso mientras Espe y Crono cantaron  "tendré los ojos muy lejos, un cigarrillo en la boca…cuando  ya me empiece a quedar solo…"
Paremos…
                 a tomar un aperitivo- dijo Fama.    
                 a ver que hora es. El reloj me atrasa, el reloj me atrasa, el reloj- dijo Crono.
                 a saltar a la soga con mangueras transparentes - dijo Espe.
Terminó cada cual su tarea e hicieron una ronda para agradecer las gotas que caían del cielo, todo-el-cielo.
Siguieron viaje con Crono al volante (Esperanza no maneja, se deja viajar por las cosas y los hombres). Llegaron a buscar el libro. Les pidieron por él cuatro canicas azules y una lechera. Suerte, Espe las  tenia en el bolsillo, las robó  de la fábrica del papá de Fama. Uno de ellos lo  tomó  y abrió el libro en la última página.
Final 1. Fama abre el libro y encuentra en la última hoja "la alegría de los famas" envuelve el libro en una sábana negra almidonada y lo envía por correo cobro revertido.
Final 2. Esperanza abre el libro y no está en su día curioso. Se lo da a Fama o a Cronos. Usted elige, vaya al final 1 o 3.
Final 3. Cronopio abre el libro, una página en blanco. Automáticamente mira su reloj.
- Son las tres de la tarde para mi, pero para los demás son cinco minutos mas tarde. Respira aliviado.

PAGINA ASESINA por Leon Binder


¿Qué hago yo aquí? Me repetía la pregunta una y otra vez mientras que mi dos puertas descapotable alquilado, atravesaba los apenas setenta kilómetros que separaban Glasgow de Stirling, pasando a través de la dulce y calma campiña escocesa. Tenía algunas respuestas no del todo convincentes: confirmar la leyenda, buscar a Aldana, tomarme una semana de descanso (después de varios años) en un lugar apacible, escuchando música celta y tomando buenos whiskies. O quizás todas ellas juntas. Había conocido a Aldana hacia dieciocho meses en un seminario en Tel Aviv sobre culturas antiguas, tema este que nos apasionaba. Hicimos buenas migas y terminamos el seminario convertidos en dos personas indispensables el uno para el otro.  Fue así que en nuestra despedida, nuestros cuerpos desnudos fundidos en un abrazo, tomándonos un respiro cual luchadores que acaban una faena salvaje y agotadora, ella me conto la leyenda que dice que “En un pueblo de Escocia venden libros con una pagina en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa pagina al dar las tres de la tarde, muere” invitándome luego a encontrarnos en ese su pueblo, para investigar y seguir con este juego de lujuria y pasión. El tiempo había pasado, como era de esperar nuestro contacto se interrumpió. Más hoy me dirigía allí con nerviosismo y lleno de esperanza.  El paisaje era fascinante desde lejos distinguí en lo alto de una colina el castillo que daba nombre al lugar, al llegar un hermoso y antiguo puente el “Stirling Old Bridge” que cruzaba el cauce del ancho y caudaloso rio “Forth” era el único paso posible. Lo crucé con el corazón palpitando aceleradamente esperando el milagro de encontrar  a Aldana. Una vez ubicado en el único hotel del lugar, salí a caminar pensando que hacer para encontrarla. Con los pocos datos que tenía no me pudieron dar ninguna pista.  Cansado en la noche, tirado en la cama de mi habitación  me planteaba cuantos días podía seguir así, caminando sin rumbo como un ciego y no disfrutar mis vacaciones, u olvidarme de la búsqueda y conocer cosas de aquel lugar maravilloso. Luego del desayuno y no teniendo todavía nada claro me dirigí al centro de visitantes para recoger material informativo. Una jovencita muy amable me explicaba los lugares de interés cuando escuché desde una oficina contigua una voz que me pareció familiar, me dirigí hacia allí y sin llamar a la puerta la abrí, para encontrarme con la dulzura de su rostro subrayado por una sonrisa encantadora. Nos saludamos con afecto, pero formalmente, debido a sus compañeros que entraban y salían. Luego de unos minutos de charla quedamos para cenar y empezó para mí la semana más maravillosa de mi vida. Sentía que las horas del día, mientras esperaba verla, eran eternas, y las de la noche, mientras nos amábamos con salvaje frenesí, eran solo instantes. Ya cerca de mi partida, Aldana me invitó a leer sobre la leyenda. Fue así que alrededor de la una y media de la tarde nos instalamos en la vieja prisión, de casi mil años de antigüedad, convertida ahora en biblioteca. Aldana había comprado para mí un viejo libro escrito en “Gaelico Escoces” y comenzó a traducirlo. La historia era apasionante y los minutos corrían rápidamente. Los dos éramos presa de una excitación extraordinaria. Cuando el gran reloj del lugar marcó las dos y cincuenta, Aldana levanto la vista del libro, me miró dulcemente e instintivamente nos pusimos de acuerdo. Lo cerramos rápidamente, lo guardamos y recorrimos los doscientos metros que nos separaban del hotel corriendo más que caminando y esperamos las tres de la tarde fundidos en un goce casi de otra vida.

Nota del autor: Los nombres y lugares son originales de Escocia.

VUELTA AL MUNDO por Polly Cordobal

(la consigna, elaborar un relato a partir del micro cuento de Julio Cortazar, Pagina Asesina)






Le di la vuelta al mundo. No hablaré de los días que duró mi travesía, pero puedo asegurarles que cada lugar que pisé  fue una gran aventura, o mejor dicho, una ruleta rusa.
Comencé la gira hacia occidente, cuando el velero en que viajaba naufragó y llegué a una isla. Cerca de la orilla, encontré un pasadizo el cual me llevó a otro y éste a otro más.  Seguía adentrándome hasta que llegué a un santuario inmenso con bellas imágenes grabadas, en especial de toros. Supe inmediatamente en donde estaba: en el palacio de Cnossos del rey Minos.  Asustado comencé a correr y a pesar de unas cuantas equivocaciones, salí del laberinto con vida.   
Cruzando el mediterráneo, seguí mi itinerario al África, donde participé de un paseo safari, arriba de un elefante.  En cierto momento, el animal en el que viajaba se separó del resto del grupo y corrió hacia otra dirección llevándome hacia una zona pantanosa, donde encontramos restos de otros paquidermos.  ¡Sí, era un cementerio de elefantes! De repente, sentí que caía junto con la  gigantesca mole que se echaba de espaladas con los demás.  Tuve la suficiente osadía de saltar de su lomo y agarrarme de su trompa   y así no morir aplastado. Escapé del barro y cuando estuve en tierra firme, intenté llevarme un colmillo inmenso de marfil pero éste pesaba más de cien kilos.
A pie seguí hasta la costa y volví hacia Europa.  Visitando  los bosques de la región de Transilvania fui atacado por un vampiro a plena luz del día.  Para refugiarme  me escondí en una cueva,  de donde tuve que salir disparado, porque salió a echarme de su morada un dragón que arrojaba fuego. 
Cansado de aventuras, necesitaba algo más urbano y me dirigí a Escocia. Alquilé cabaña en una aldea alrededor de un lago y me dispuse a pasar unas tranquilas vacaciones, leyendo y pescando. De camino a la casa, paré a comprar provisiones y material para leer. Me habían contado la leyenda de que en un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen.  Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere; sin embargo yo hice caso omiso de esa advertencia.  En cuanto llegué a la casa, busqué un bote de remos y me adentré en el lago apacible para dar cuenta del libro adquirido. Estuve entretenido hasta que un temblor estremeció la embarcación y vi al gran monstruo marino saliendo a respirar. Remé lo más rápido que pude hacia la costa, sin llamar la atención del monstruo, a quien resultó ser que le debo la vida, porque al voltear la hoja del texto que leía, esta contenía una blanca y la hora era exactamente las tres.
Decidí que debía viajar hacia América. El avión en que volaba hacia Miami perdió todas las señales de los controles, cuando sobrevolamos las islas Bermudas.  Unas potentes  luces encandilaron al piloto y de no ser por mi rápida respuesta no sé donde hubiéramos terminado; el caso es que dirigí el avión hacia el suroeste y realicé un aterrizaje forzoso en una selva tropical. Saliendo de la aeronave nos esperaban los indios jíbaros, más conocidos como los reducidores de cabezas.  Querían decapitarme pero una de sus mujeres que al parecer enamorada de este servidor, me mostró como escapar.  Llegué a Chile cuando comenzó un fuerte temblor de tierra. No podía seguir allí. Continué el viaje hacia el lejano oriente.  En Singapur,  llovieron pesados peces que azotaban a los caminantes asestando fuertes golpes.  Las calles y jardines se vieron llenos de ellos. Sin embargo al no estar en su medio habitual rápidamente morían y hedían. Al llegar a India, me  tomaron prisionero y me obligaron a caminar descalzo sobre  carbones prendidos. 
Volví a mi hogar. La gente piensa que Israel es un país peligroso, siempre al borde  de una guerra. Yo les aseguro que es el mejor lugar para vivir. 

lunes, 10 de mayo de 2010

LA MALDICIÓN DEL CASTILLO BRODICK* por David Adelson

(la consigna, elaborar un relato a partir del mini cuento de Julio Cortazar "Pagina Asesina")












El asombro aún emanaba de cada letra del viejo manuscrito que había dejado a sus descendientes el anciano Robert MacAlpin. En ese documento relataba dos hechos presenciados durante su juventud y los había grabado décadas atrás con letra temblorosa y sorprendida. Era la admisión de que el hechizo sobre el que se había rumoreado en toda la comarca era verdadero como también que había sido trastocado por la fuerza de la providencia.

Aunque algunos dudaban de la autenticidad del escrito, o de su autor –allí, en  Arrán(1)-, nadie se animaba a desmentirlo públicamente por temor a las consecuencias que podrían sobrevenir desde "El más allá". El viejo MacAlpin contaba, en resúmen, que su clan y el de los MacGregorian debían encontrarse cada cuatro años, un 29 de febrero, en proximidades del Castillo de Brodick para que la suerte decidiera qué miembro de qué familia debía abandonar, en esa jornada, esta vida.
Asi lo había dispuesto centurias antes el travieso y comedido Gwrion(2) un díscolo ayudante de Gridwen(2), la reina de las druidas celtas (3). Él había establecido –so pena de castigos del infierno, el corazón de esa maldición- que los clanes debían reunirse, apenas huyeran las tinieblas de la noche, cerca del castillo, y comenzar la lectura de los libros de Walter Scott hasta la media tarde. Dicha lectura –lo había dispuesto claramente-: "Debe hacerse en voz alta y de modo alternativo entre el miembro más joven de cada uno de los clanes, hasta que uno de los dos deje de existir a una hora señalada".
Su designio estaba basado en el hecho de que
 En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volúmen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la 
tarde, muere.
Ese pueblo fue erigido cerca del Castillo. Y asi, uno de los tantos años bisiestos 
se convirtió en el turno de Robert MacAlpin y de su amigo Charles MacGregorian. Ambos, compungidos, y sintiendo a sus espaldas el dolor sepulcral de los respectivos clanes, se prepararon para comenzar la lectura mortal. Nadie sabía dónde estaba la página en blanco...

Esa vez, que fue la última, involucró a la druida Gridwen. Llegó irritada a causa de su insolente ayudante -luego de un viaje a través del tiempo-, y poco antes de que dieran las tres. La reina deshizo el hechizo y libró a los amigos y a sus familias de la inminente tragedia. MacAlpin, sin embargo, no dice quién estaba leyendo el libro en ese momento. Aquél, fue el primer hecho fantástico que el viejo Robert narra en su manuscrito, del que también emanan un gran alivio y alegría.

El segundo, reboza sorpresa: la druida cambió, entonces, el hechizo de los libros porque le fastidiaba que la gente del pueblo no empleara las horas nocturnas para el descanso y se mantuviera en vela leyendo diversas historias. Entonces dispuso que todos los libros tuvieran, en vez de una página en blanco, otra con una sola letra inscripta en su centro. Una letra en hebreo, ya que conocía las artes de la Kabalah. Quien la leyera o, al menos, mirara ese signo de soslayo, se transformaría irremediablemente en un ave nocturna.



* NOTA DEL AUTOR:
El Castillo Brodick, fue construído en Arrán, Escocia en el Siglo V. (1): Arrán es la principal isla del Fiordo Clyde. (2): Personajes de la Mitología Escocesa. (3): Los druidas –una casta superior- eran personas poseedoras de los secretos de la magia en la mitología local

sábado, 8 de mayo de 2010

CELOS por Vera Winitzky

(la consigna, elaborar un relato en base a la imagen y cuya frase final sea:: Estaba decidido a entrar, pero me detuve ante la puerta).

Me levanté con la decisión tomada: recuperar a Nancy.  Fueron  tres meses de agonía sin ella. Mi vida se transformó en un martirio. Veía su imagen día y noche en todas partes. No podía perderla. Era la última oportunidad de mi vida. Los años se me habían venido encima y otra vez,  los celos me habían traicionado.  En el comienzo, todo fue maravilloso, nos comprendíamos sin hablar y vivíamos momentos felices. Todo pasó aquella noche en una fiesta. La vi conversando y riendo animadamente con mi intimo amigo Raul. Quedé paralizado, y sentí una gran opresión en el pecho. Me acerqué, la tomé del brazo, y la saqué del lugar. Tuve, como siempre ese temible ataque de celos. Ella, inmóvil y sorprendida me miró, se soltó y comenzó a correr.  Tomó un taxi y desapareció de mi vista. A partir de ese instante el sufrimiento fue atroz. Me arrepentí de aquel accionar. No quería perderla. Fui a su casa con una rosa escondida entre  mis manos, para disculparme y pedirle el perdón anhelado. Haría cualquier cosa por  volverla a tener. Estaba decidido a entrar, pero me detuve ante la puerta. 

viernes, 7 de mayo de 2010

ETERNA PRIMAVERA por Raquel Eidelman

(la consigna, elaborar un relato a partir del micro cuento estaciones)



Vivía en Medellin – Colombia, "la ciudad de la eterna primavera"; el clima era acogedor y ameno. Había días de lluvia y ésta dejaba puntitos transparentes en todas las hojas. Se sentía el olor a tierra mojada y aunque el agua caía y nos mojaba no sentíamos frio.No teniamos que abrigarnos especialmente y nunca extrañábamos el calor. No existían las estaciones y todo el año era igual.
Llegar a Beer Sheva fue un cambio positivo,  pero lo primero y lo que mas extrañé fue "mi eterna primavera".

ESTACIONES por Shoshana Zaltzman

(la consigna, eleborar un relato a partir del micro cuento estaciones)




A pocas horas empezó la lluvia. Alegría en todos lados. Salieron a relucir las botas, los paraguas, los impermeables.
Un día, otro día, varios seguidos de lluvia y tonos grises, las botas se llenaron de barro, los impermeables se volvieron incómodos y los paraguas molestaban todo el tiempo, no se podía salir a ningún lado sin ellos.
La monotonía del invierno suplantó a la de la primavera, del mismo modo que el árbol cambia sus hojas de acuerdo a la estación, los habitantes de la ciudad modificaron  su estado de ánimo siguiendo el curso que le dictaba el clima.
La ciudad volvió a ser gris y fría y la utopía de la primavera era la esperanza de su gente, casi como en nuestras vidas.

SUMISIÓN por Gabriela Szuster

(la consigna, elaborar un relato a partir del micro cuento: Se acomoda en ella. Tras treinta años fabricándolas venció todos sus reparos y ahora sentia en él una sensación largamente olvidada: estar sentado. Oyo ruido en la entrada del inmenso taller vacío a aquellas horas de la tarde y, sobresaltado, volvió a arrodillarse para barnizar la madera).






Estaba exultante, feliz. Había logrado por unos instantes sentir el placer de sentarse. Evidentemente se conformaba con poco. 
      

ESTACIONES por Leon Binder

(la consigna, elaborar un relato a partir del siguiente micro cuento: Erase una ciudad muy fria y gris a la que un día, sin venir a cuento, llego la primavera y se estableció allí por tiempo indefinido. Durante tres años hubo luz, alegría, sol y flores por todos los rincones. Así un día y otro. Todos iguales.
Por extraño que parezca, a los habitantes de aquel lugar se les hizo monótono. Una mañana la primavera se marcho tal y como había llegado, sin avisar.
Los niños de la ciudad, entusiasmados, miraban el cielo encapotado y al ver las nubes grises cargadas de agua decían: “!Ohh! ¡ que bonitas son!”)



Erase una ciudad muy fria y gris a la que un día, sin venir a cuento, llego la primavera y se estableció allí por tiempo indefinido. Durante tres años hubo luz, alegría, sol y flores por todos los rincones. Así un día y otro. Todos iguales.
Por extraño que parezca, a los habitantes de aquel lugar se les hizo monótono. Una mañana la primavera se marcho tal y como había llegado, sin avisar.
Los niños de la ciudad, entusiasmados, miraban el cielo encapotado y al ver las nubes grises cargadas de agua decían: “!Ohh! ¡ que bonitas son!”

Pero luego de más de un año de tiempo gris, lluvioso y frio, los lugareños se volvieron tristes y amargados, pensando, no sin razón, ser los culpables de lo que les pasaba, por haberse sentido cansados del sol, la luz y la alegría, con que la naturaleza los había premiado anteriormente.

viernes, 30 de abril de 2010

LAS HOJAS DE OTOÑO por David Adelson

(La consigna, un relato a partir de la imagen)



El paisaje primaveral le había encantado, al salir de la mansión donde se reunió con el ingeniero Schiffer para ultimar los detalles de la misión: debería probar el nuevo prototipo de la capsula de emergencia para las naves Enterprise. Se denominaba Módulo de Rescate Kirk (por quién había dado la idea de construirla) y ya había sido evaluada y testeada. Ahora sólo quedaba por realizar la prueba final: viajar hasta Plutón y volver a diferentes velocidades.

En tiempo terrestre la travesía iba a transcurrir durante un mes. En la medición temporal de su viaje, podía durar un suspiro. Pero le habían recomendado no navegar a través del espacio-tiempo, porque eso le impediría hacer las mediciones sobre la  capacidad de propulsión electromagnética de la capsula de emergencia a velocidades debajo del alabeo..

Y bien, ahi estaba, ahora regresando desde los helados y obscuros rincones por donde Plutón giraba alrededor de un puntito amarillo: el sol. Regresaba casi a la velocidad de la luz y mientras aquel puntito iba creciendo en la negrura del Universo, evocaba la imagen del hermoso panorama arbolado en medio del cual se erigía  la costosa mansión del jefe de ese proyecto.

Cuando se encontraba cerca de Júpiter, donde en el 2001, se habían detectado las famosas emisiones de radio del gigante monolito negro, que circuncidaba una de sus lunas, disminuyó abruptamente la velocidad –de acuerdo con las indicaciones del manual de prueba- y frenado en fracciones de segundo lo ubicó en un tercio de la velocidad de la luz. De allí, debería lanzarse –otra vez- a supervelocidad hacia la Tierra. Y eso hizo.

Casi una hora después, estaba a las puertas de la atmósfera terrestre. Entonces, realizó lo que debía ser la maniobra final antes del aterrizaje: penetrar esa atmósfera a 150 mil kilómetros por segundo con un ángulo muy agudo,  ex profeso, que no impediría a la nave, dada su velocidad, descender más y más en vez de rebotar contra la estratósfera y salir despedido, o despedazado, hacia el espacio.

Y todo resultó bien, con la excepción de que el Módulo Kirk iba en rumbo de colisión contra un avión civil que, sin previo aviso, había entrado en el espacio aéreo vedado a la navegación y destinado a esa prueba. La computadora de a bordo detectó en milésimas de segundo la situación y corrigió el inminente desastre: aplicó un frenado ionico al tiempo que desviaba a la capsula de su trayectoria original. Todo fue automático y tan veloz que él ni tuvo conciencia. Después de un parpadeo se encontró deslizándose a velocidad cada vez más decreciente dentro de un vertiginoso tunel blanquecino, que fue transformándose en un sendero arbolado. Y antes del frenado final, segundos después, pudo escuchar el trueno que su propia nave había producido durante la desaceleración.

Cuando la capsula de emergencia se detuvo, advirtió –a pesar de su aturdimiento-que increiblemente había descendido en las cercanías de la mansión del ingeniero Schiffer. Pero el paisaje ya  no era primaveral. Y mientras revisaba los instrumentos para dilucidar si había retornado al planeta pasada la primavera o era el trueno supersónico lo que había pelado las ramas de los árboles, se puso a tararear la melodía "Las hojas de otoño".

ESTACIONES por Shula Daich

(la consigna, un relato a partir del siguiente párrafo: Erase una ciudad muy fría y gris a la que un día, sin venir a cuento, llegó la primavera y se estableció allí por tiempo indefinido. Durante tres años hubo luz, alegría, sol y flores por todos los rincones. Así un día y otro. Todos iguales. Por extraño que parezca, a los habitantes de aquel lugar se les hizo monótono. Una mañana la primavera se marcho tal y como había llegado, sin avisar. Los niños de la ciudad, entusiasmados, miraban el cielo encapotado y al ver las nubes cargadas de agua decían:" ¡Ohh ! ¡Que bonitas son !")



Comenzaron a caer gotitas de agua , y todos salieron a recogerlas. Pensaban que eran piedras preciosas. No comprendían porque se esfumaban de sus manos...La intensidad del agua iba en aumento. Aunque al principio,  tanto niños como adultos chapoteaban en los charcos, pronto comprendieron que algo raro estaba ocurriendo...El Diluvio los estaba ahogando . El barro y el lodo comenzaron a hundirles.
Los que tuvieron suerte, lograron volver a sus casas a tiempo; algunos nadaron en las aguas  o se aferraban a los árboles. Otros avanzaban con lentitud ayudándose  los unos a los  otros, pero lamentablemente muchos murieron...

La felicidad son pequeños trozos de tiempo que nos regala la vida, que no siempre es constante, pero el sólo recordarlo, nos eleva una sonrisa. Cuando llegue el día triste, cuando nada salga bien en nuestras vidas, cuando sintamos que sólo hay cabida para la tristeza...recordemos los momentos alegres que tuvimos.

Eso, es la felicidad.

¿EL MUNDO ESTÁ LOCO? por Polly Cordoval

(la consigna, un relato a partir de un corto en el cual una periodista de guerra recibe un premio al fotografiar una muerte)


A una extraña en el espejo observaba,
de imagen presente,
pensamiento ausente.
Con  esmero su rostro acicalaba
Su careta transformaba, 
mientras su mente recordaba
a una pequeña desamparada,
que en medio de una guerra desalmada,
corría asustada, y ella...
¡no había hecho nada!

Durante un segundo cruzaron mirada
pero en ese momento crucial
perdida en la locura de nuestra sociedad,
basura de esta  cruel  realidad,
enfocó la lente de su cámara,
inmortalizó  la escena  
mientras el gatillo disparaba.
¡Una vida se esfumaba!
Y ella... ¡no había hecho nada!

Arde su conciencia,
aumenta su nausea,
le azota la memoria
Mientras el  mundo premia,
a una idiota  necia
que fama  buscaba, 
retrato en portada.
"Inocente niña asesinada",
Y ella... ¡no había hecho nada!