viernes, 30 de abril de 2010

LAS HOJAS DE OTOÑO por David Adelson

(La consigna, un relato a partir de la imagen)



El paisaje primaveral le había encantado, al salir de la mansión donde se reunió con el ingeniero Schiffer para ultimar los detalles de la misión: debería probar el nuevo prototipo de la capsula de emergencia para las naves Enterprise. Se denominaba Módulo de Rescate Kirk (por quién había dado la idea de construirla) y ya había sido evaluada y testeada. Ahora sólo quedaba por realizar la prueba final: viajar hasta Plutón y volver a diferentes velocidades.

En tiempo terrestre la travesía iba a transcurrir durante un mes. En la medición temporal de su viaje, podía durar un suspiro. Pero le habían recomendado no navegar a través del espacio-tiempo, porque eso le impediría hacer las mediciones sobre la  capacidad de propulsión electromagnética de la capsula de emergencia a velocidades debajo del alabeo..

Y bien, ahi estaba, ahora regresando desde los helados y obscuros rincones por donde Plutón giraba alrededor de un puntito amarillo: el sol. Regresaba casi a la velocidad de la luz y mientras aquel puntito iba creciendo en la negrura del Universo, evocaba la imagen del hermoso panorama arbolado en medio del cual se erigía  la costosa mansión del jefe de ese proyecto.

Cuando se encontraba cerca de Júpiter, donde en el 2001, se habían detectado las famosas emisiones de radio del gigante monolito negro, que circuncidaba una de sus lunas, disminuyó abruptamente la velocidad –de acuerdo con las indicaciones del manual de prueba- y frenado en fracciones de segundo lo ubicó en un tercio de la velocidad de la luz. De allí, debería lanzarse –otra vez- a supervelocidad hacia la Tierra. Y eso hizo.

Casi una hora después, estaba a las puertas de la atmósfera terrestre. Entonces, realizó lo que debía ser la maniobra final antes del aterrizaje: penetrar esa atmósfera a 150 mil kilómetros por segundo con un ángulo muy agudo,  ex profeso, que no impediría a la nave, dada su velocidad, descender más y más en vez de rebotar contra la estratósfera y salir despedido, o despedazado, hacia el espacio.

Y todo resultó bien, con la excepción de que el Módulo Kirk iba en rumbo de colisión contra un avión civil que, sin previo aviso, había entrado en el espacio aéreo vedado a la navegación y destinado a esa prueba. La computadora de a bordo detectó en milésimas de segundo la situación y corrigió el inminente desastre: aplicó un frenado ionico al tiempo que desviaba a la capsula de su trayectoria original. Todo fue automático y tan veloz que él ni tuvo conciencia. Después de un parpadeo se encontró deslizándose a velocidad cada vez más decreciente dentro de un vertiginoso tunel blanquecino, que fue transformándose en un sendero arbolado. Y antes del frenado final, segundos después, pudo escuchar el trueno que su propia nave había producido durante la desaceleración.

Cuando la capsula de emergencia se detuvo, advirtió –a pesar de su aturdimiento-que increiblemente había descendido en las cercanías de la mansión del ingeniero Schiffer. Pero el paisaje ya  no era primaveral. Y mientras revisaba los instrumentos para dilucidar si había retornado al planeta pasada la primavera o era el trueno supersónico lo que había pelado las ramas de los árboles, se puso a tararear la melodía "Las hojas de otoño".

5 comentarios:

A.R.N. dijo...

cuanto tiempo exactamente dura un suspiro? conteste sin repetir y sin soplar

David dijo...

Bueno, eso depende de la velocidad absoluta en el espacio-tiempo donde esté moviéndose quien emita el suspiro...

GaMyr dijo...

Muy buen relato David,te felicito!

sara rawicz dijo...

David: Alabo tu imaginación. Muy buenos tus relatos.

shula dijo...

Otra que Harry Potter !!!
Le ganas y por mucho

porque no escribis un libro de ciencia ficcion ?