miércoles, 14 de abril de 2010

DE OPUESTOS Y SEMEJANZAS por León Binder



(la consigna, un relato en el cual los personajes tengan características de los míticos cronopios y famas de Cortazar)



El mítico bar “La Pollita” de la calle Cuñapiru, es punto de reunión de una barra de muchachotes que pasan largas horas del día allí, haciendo nada. De buenas familias y mejor pasar, estos gandules tienen algunas características comunes a todos ellos. Son afectos al derroche, pero si lo hacen por si, baste como ejemplo los momentos que beben algún aperitivo con ingredientes, son famosas sus guerras de aceitunas, pero guay que Marciel, el mozo, retire los platitos con una de ellas encima, los muchachos pueden hacer un escándalo mayúsculo.
A escasos cien metros, sobre la misma calle, funciona el “Club social y deportivo Chulo” institución esta que tras su pomposo nombre, consiste en una vieja casa alquilada de dos piezas y patio, en donde la actividad del año se reduce a algún partido de truco, billar y mus, exceptuándose los famosos “8 Grandes bailes 8“ de carnaval, donde se derrocha alegría, diversión y alcohol. Es en este club donde tienen base otra caterva de jóvenes de buen origen también pero mas humilde que los muchachos de “La pollita” y con características totalmente distintas. Es bien sabido por los habitúes, los gustos de estos últimos, a saber, aprovechan todos los fines de semana largos y viajan a distintos puntos del país, llegados al lugar, inspeccionan a fondo el hotel, las instalaciones publicas, los lugares de diversión, etc., luego de finalizada esta agobiante labor, se reúnen en la confitería de la plaza, toman su vermut con fernet y al salir a la vereda, hacen una ronda y cantan y bailan su himno canción:

Salga el sol
Venga la luna
Haga frio
O calor
Presten todos atención
Pues en esta locación
La Pollita cacarea

Y luego, con su habitual “ring-raje”, se retiran a su hotel. Los chicos del “Chulo” por su parte suelen viajar una o dos veces por año hacia algún camping, con todos sus bártulos a cuestas. Habitualmente les toca parcelas bastante alejadas de todo y en lugares inundables, si llegan a caer cuatro gotas, pero ellos lo toman con filosofía y piensan que todo es normal, que a todos les pasa lo mismo; y con el agua hasta las rodillas, cantan y bailan alegres ritmos de moda. Las diferencias de estos muchachos son de toda índole y tenor, véase sino la oportunidad en que Don Andres, padre del ”turco de la Pollita”, tomó en su fabrica de bolitas (canicas) a varios de los chicos del Chulo para el reparto, estos paraban el vehículo en todas las esquinas que veían algún chico y obsequiábanles con mercadería del reparto dejando en cada lugar una tormenta de sonrisas, pero, ocasionándole al pobre de Don Andres una granizada de quebrantos.
Así pasan la vida ambos grupos, los unos preparándose para en un futuro tomar los puestos de sus padres, como funcionarios, dueños de mini emprendimientos o empleados de ministerios, Los otros transitando su existencia con una chatura asumida, pero sin abandonar su simple forma de ser. Es tema habitual de los vecinos, durante sus diarias tertulias en las puertas de sus casas, como estos dos grupos de muchachones, siendo prácticamente hermanos de partera, ya que todos vinieron al mundo de la mano de Doña Incierta, la partera de la zona, son tan distintos entre si. Sin duda no han leído (o no han entendido) el profundo estudio sobre el comportamiento humano realizado por el filosofo callejero Don Hernán Hambrelindo y dado a publicidad en forma de fascículos, que acompañaban la edición semanal de la revista parroquial, en donde luego de un largo estudio concluyo con que “La futura posición de las personas ante los obstáculos es proporcional a la cuadratura de la perspectiva visual de los problemas” o sea a ojo de buen cubero depende de cómo te pares frente a las cosas, asi serán las soluciones que encontrarás.

2 comentarios:

rebeca dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

me mato el parafraseo, buenisimo!!!