sábado, 13 de noviembre de 2010

LA ABUELA ROSITA por RAQUEL EIDELMAN

"Soy un libro. No crean, como decían algunas personas de ellas mismas, que soy un libro abierto. No. Soy un libro en el más estricto sentido de la palabra y muchas horas de mi vida las he pasado cerrado".
Mi tamaño es el demedia-carta y contengo doscientas hojas en mi interior. Exteriormente soy de cartón duro relleno de algo que lo hace muy suave al tacto. Fui un regalo que recibió Rosita al cumplir diez años, ella me recibió con mucha alegría y me protegió con un vestido de terciopelo color púrpura y en el centro de mi cara bordó con hilo dorado la palabra DIARIO; me guardó en su cajón de tesoros y allí permanecí mucho tiempo inmóvil, viendo el ir y venir de otros objetos.
Pasaron cinco años, ¡Oh! ¡Sorpresa! Rosita me tomó en sus manos, me miró cariñosamente, sonrió y me colocó sobre una mesa. Me abrió y en mi primera hoja escribió:
Noviembre veinticuatro de mil novecientos quince
Hoy, cumplo quine años continuó escribiendo y tú vas a recibir y compartir conmigo todas mis emociones, vas a ser mi amigo y confidente; Continuó: –No sé si alguien más llegará a saber de ti, pero para mí serás lo más importante de mi vida a partir de ahora.
Cada día recibía escritos de Rosita, a través de éstos conocí a José, el muchacho por el cual ella suspiraba. Fue llenando mis páginas con su historia.
Un nieto de ella vio como me escondía precipitadamente cuando llegó a visitarla. Rosita me cambió de lugar y me escondió detrás de otros libros en un estante de su biblioteca.
Creo que de acá no saldré nunca pues Rosita ya no está, estoy triste, la extraño mucho, compartir la vida de alguien es gratificante..
¡Increíble! hoy me he dado cuenta de que me buscan con tanto empeño que me van a encontrar. El primero que me toca es el nieto que ya conocía, es enorme el regocijo de él y el mío. Me acarició y abrió y empezó a leer sin dejar de acariciarme, sus lágrimas caían sobre mis hojas. Me sacó del cuarto donde siempre estuve, habló con otros y les permitió conocerme, unos lloraban, otros hablaban entre sí me llevaron a una máquina, colocaron mis hojas con mucho cuidado, y fueron saliendo muchas hojas iguales a las mías, luego estos hijos míos también fueron protegidos por cartón y terciopelo y debajo de la palabra DIARIO con el mismo hilo dorado bordaron 'HISTORIA DE LA FAMILIA'.A todos nos pusieron en lugares importantes, cada tanto nos miran, abren, leen y acarician.
¡Qué vueltas da la vida! Cuando yo creí que en aquél estante estaría para siempre, ¡estaba muy equivocado!