lunes, 3 de octubre de 2011

AGUA: ¿CALIENTE O FRÍA? por LUIS GOREN



                El dilema de Hamlet no es nada ante esta disyuntiva; pero: ¡qué placer extraordinario es introducirme debajo del agua a la temperatura justa que  a mí me gusta! Es un placer que supera lo sensual, y entra en lo espiritual; es sentirse flotar y elevarse, ingrávido como las nubes de vapor que se pegan  al  techo de la ducha. Es sentirse transportado a otro Espacio Tiempo donde todo es diferente y  posible.
                Y luego del remojón, enjabonarme despacio, mientras la imaginación vuela en busca de esa ingravidez con la que sueño, para  escapar, aunque sea por unos momentos del ferreo asidero de la gravedad, que me tiene atado a este mundo del que quiero  emanciparme, para disfrutar de la libertad de ser por unos momentos, yo mismo, sin ningun tipo de condicionamiento. Y a veces lo consigo, y me transporto, y no soy el mismo, soy otro. Increible, al querer ser YO completo, paso a ser otro. Y no me lo puedo explicar.
                Entonces, pletórico de sueños y sensaciones, imagino un mundo mejor, donde, como diría Ruben Darío*, seríamos todos hermanos: "hermanos hombres, hermanos bueyes, hermanas estrellas, hermanos gusanos". Y yo, flotando en ese mundo de "hernanos", sueño con mis hermanos judíos, hermanos cristianos, hermanos musulmanes, y hermanos hermanos, sin guerras, sin odios, sin sangre derramada, todos en paz y armonía. Todos envueltos en amor.
                Así me demoro, en tanto me refriego con la esponja para sacarme la suciedad del cuerpo, con la imaginación, trato de sacarne la suciedad del alma, tan contaminada como el cuerpo, por la mugre que tenemos que soportar diariamente. Y no podía faltar la Patrona, que me dice: ¿cuantas horas te vas a estar bañando? ¿Te pensás que al agua la regalan? ¿Cómo le explico que no solamente me baño, sino  que tambien sueño? 
                Al final, de una manera u otra, no tengo mas remedio que poner los pies en la tierra, y continuar con la triste realidad imperante. Pero: ¿quién me quita lo soñado?

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